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Alteraciones del sueño

Los trastornos del sueño son muy comunes; es muy normal haber padecido o tener problemas con el sueño en algún momento de la vida. Estas dificultades pueden ir desde problemas para iniciar o conciliar el sueño, dificultades para tener un sueño continuo, con despertares frecuentes durante la noche o problemas con la calidad del mismo.

Los principales efectos de la falta de sueño son la somnolencia, acompañada de fatiga y malestar general. Además, se pueden experimentar problemas de concentración y atención, debilidad y cansancio, irritabilidad, errores de percepción, etc. Las alteraciones del sueño durante un tiempo prolongado pueden producir un malestar significativo y llegar a interferir con las actividades diarias.

Los problemas relacionados con el sueño pueden tener causas diversas como:

- Factores relacionados con la edad.

- Razones médicas como experimentar dolor físico o sufrir dolencias relacionadas con alguna enfermedad.

- Factores emocionales como bajo estado de ánimo,  ansiedad, estrés o procesos de duelo.

- Hábitos desaconsejados antes de dormir como beber café, alcohol y realizar actividades físicas moderadas.

En otras ocasiones, los problemas de sueño pueden mantenerse y empeorar a consecuencia del sentimiento de frustración y preocupación que se genera por no conseguir dormir, dando lugar a un círculo vicioso que paradójicamente disminuye las posibilidades de dormirse.

La cantidad de horas de sueño que necesitamos varía mucho. Muchos estudios indican una variabilidad individual considerable, desde una necesidad media de 4 horas hasta personas que necesitan 10 horas o más . La necesidad de sueño también varía según la etapa de la vida, por ejemplo, un recién nacido puede dormir de 16-17 horas al día. A medida que se va creciendo, la cantidad de horas va disminuyendo, con 11 horas alrededor de los 5 años y 8-9 horas en la adolescencia. Cuando se alcanza los 30, esta necesidad puede estar en menos de 8 horas, y en la edad avanzada puede ser de menos de 6 horas de sueño. El nivel de actividad también puede afectar la necesidad de sueño, y generalmente, cuanta menos actividad, menor es la cantidad de sueño requerido.